23 de octubre de 2009
filosofia mundana (zombie)
Vuelvo a estar al que parece ser mi estado natural. Resfriada. Yo creo que mi madre no me parió bien, se dejó una extremidad, una caja de pañuelos. Me es más útil que algún dedo del pie.
Este año en el trabajo parece ser que se han propuesto cambiarle el nombre a la empresa y llamarla "LosTrabajadoresSinVida S.A." y es que casi tengo que fichar a cada respiro.
Ayer fui con unos amigos a un concierto del inglés Bryn Christopher después de discutirme con Yago. Nada importante, sólo insistió en intercambiarnos un juego de llaves de nuestro piso y lógicamente le respondí que no. El problema es que empiezo a darme cuenta de que hay muchas cosas en la vida que no vemos del mismo modo y, aunque muchas de las pequeñas cosas rozan el límite de lo insignificante, otras me dan tantas y tantas vueltas en la cabeza que si no me siento me mareo. Empiezo a notar como si cada vez que nos juntamos más físicamente, nos separamos miles de kilómetros. La verdad es que lo siento mucho más cerca cuando está en Estados Unidos que cuando lo miro por la ventana. Es como si poco a poco estuviese volviendo a mi vida de siempre, con los de siempre y él ya no ocupase el centro de todo. Le quiero, le quiero con una locura propio de los poemas de Shakespeare y las odas al amor de Neruda pero parece ser que no es suficiente para sentir sus latidos en mi corazón.
Sufro mal de amores y mi madre siempre dice que contra eso lo mejor es una buena botella de algo que suba mucho o, en su defecto, unos buenos amigos. Y yo, a falta de ganas de plantarme en el súper a comprarme una botella para ahogarme sola, prefiero amigos que me saquen de paseo como un zombi porque ni duermo, ni descanso y hasta dudo que sea persona íntegra en estos momentos.
Quizás el libro me ha echo pensar de verdad quien soy, quien quiero ser y si de verdad estoy llegando tan lejos como el abuelo creía.
Ahora me voy con mi manta y mi taza de caldo a acabar proyectos para el lunes.
10 de octubre de 2009
filosofia mundana (mi libro)
Hoy por fin he abierto el libro. Supongo que esperaba a tener este año más que ayer, una cena íntima en casa con los de siempre, se me sumó al soplar unas cuantas velas.
La cena estuvo bien. Mamá, la abuela, Kiara, Ágatha yYago. La abuela no le había dicho nada a mamá y yo aún no he tenido el valor de contarle que ya lo sé todo.
El libro...aún estoy del todo sin gravedad, parece que la vida me empieza a pasar de una forma diferente. No sé si considerarlo el mejor regalo de todos los tiempos o tan solo algo que de verdad tenía que pasar.
No hay mucho escrito pero suficiente para saber que soy yo la que está entre esas líneas.
Tengo que pensar qué hacer con ésto. De momento estas són las primeras líneas de mi vida:
"Linira es nombre de mujer.
Es joven, se siente joven y le gusta gustar. No tiene pareja, quizá la busca, quién sabe, pero se enamora cada día.
Suele hablar con desconocidos porque nunca le gustó no hacerlo.
Linira es atea de nacimiento y agnóstica de profesión, con demasiadas idiosincrasias incomprendidas, muchos poemas inacabados y bastantes partituras pisoteadas. No envía correos electrónicos en cadena, no suspira por cualquiera, suele mirar sin ver y sentir sin escuchar. Piensa cuando no toca y habla cuando todo el mundo calla porque es una máquina habladora y no le importa si la escuchan o no porque ella suelta palabras en tiempos invencibles. La aman más de lo que ella ama, susurra a 10 cm. y no se la oye. Salta en los charcos cuando llueve, no sigue las líneas rectas y no se para en los stops. No tiene horario ni rumbo, es antirutinária y propulsora de la teoría del caos. Tiene familia que no ha escogido, recicla, mira los documentales de La 2, no llora en el cine. Se ríe de ella y el aburrimiento hace que se quiera."
7 de octubre de 2009
filosofia mundana (el libro)
Ayer mi abuela, repartiendo las cartas de la primera partida de la tarde, me preguntó que qué querría para mi cumpleaños y yo, como siempre, le respondí que nada más allá de que viniera el viernes a casa para celebrarlo. Ella, como cada año desde que impuse la ley de no pedir nada, me dice que eso no es suficiente y que hará lo que le dé la gana. Vamos, como ha hecho toda la vida. Pero ayer le repliqué. Ayer dejé las cartas casi como si fuera un truco de magia y me levanté a buscar el bolso.
-Abuela, ya sé qué es lo que quiero.
-Dime hija, ¡a ver si es verdad que no tengo que pensar más!
Entonces saqué el trozo de papel. Ese trozo donde mi abuelo había escrito, quizás, sus últimas letras, sus últimas frases y hasta su último suspiro. Saqué (como quien contempla un diamante en bruto con el corazón encogido) el papel y se lo acerqué.
Cogió las gafas de cerca y se lo leyó. Todo. Muchas veces. Como quien a partir de ese momento ya no tuviera nada mejor a hacer en su vida que leer eso hasta la saciedad.
-Esto…esto es de tu abuelo.
- Lo sé pero, no entiendo nada abuela. No entiendo lo escrito, no entiendo lo que quiere decir con las trescientas páginas escritas a mano. ¿Tanto escribía el abuelo?
- Y mucho más hija, y mucho más... Madre mía, no sé ni qué contarte. Mira que les dije a tu madre y a tu tía que no era para esconderlo, pero ellas erre que erre…que si a vosotras no os tiene que influir, que si la fama, que si la intimidad…
-Pero, pero, pero ¿de qué estamos hablando?.
Me senté a su lado esperando que me contara casi el mayor secreto de mi familia, algo que mi madre sabía y nunca me había contado. Eso que me hiciera olvidar por un rato que ya no me quedaban dedos en el cuerpo para contar mis años y que mis jóvenes manos se cogieran fuertes a la artrosis que se apoderaba de esa mujer que me hacía arroz para comer cada semana. Algo que quizás supiera mucha gente. Y así fue.
- Claro, no sé hasta que punto esto es importante…Tu abuelo hubiese querido explicártelo él pero en paz descansa y me toca a mi. Tu abuelo es escritor. Bueno, era. Tu abuelo era escritor.
- ¿Qué tipo de escritor? ¿De libros? ¿tiene libros publicados? Pero yo no he oído hablar nunca de él, no era tan famoso.
- Tu abuelo era el mejor escritor que he conocido nunca. La verdad es que nunca he conocido a ninguno a parte de él, pero es que escribía como tocado por una mano divina. Tu abuelo le susurraba al papel, lo acariciaba con la pluma y nacían frases fantásticas.
-A ver que me sitúe. ¿Y libros?
- Muchos, muchísimos y seguro que has leído alguno.
Se levantó como si se hubiese quitado 20 años de encima y con alguna idea con olor a naftalina que hubiese salido después de muchos años. Se fue al armario pequeño de la esquina del comedor de dónde sacó un par de libros.
-Éste me parece que va dedicado a ti. “Para ti que me estás leyendo sin saber que estas palabras fueron escritas pensando en ti, pequeño ángel céntrico”. Si, ves, pequeño ángel del centro, eres la mediana de las tres, éste era para ti.
No sé cómo lo podía estar diciendo así mientras a mi se me borraban las letras con el agua de mis lágrimas que apenas me dejaban intuir el título del libro.
-¿Es él? ¿De verdad que era él?
-Lo era hija, lo era. Este no es su nombre real, claro pero pensó en todo y protegió su vida privada y sus apellidos tanto como pudo. Y ahora viene lo mejor. Coge el otro libro. Cógelo y empieza a leer.
Y lo hice. Nunca había leído ese libro. Me había leído un par o tres de él, esos que todo el mundo considera Best Sellers y claro, te los acabas mirando pero ése en concreto no. Al leer la contra supe enseguida de qué iba.
- Lúa…es nuestra Lúa. ¡Es la vuelta al mundo que hizo Lúa!
Lúa es mi hermana mayor y ese libro era su vida. Entonces me entró la duda de ¿y yo? pero no me dio tiempo de preguntarlo.
- Sé lo que estás pensando. Tú también tienes tu libro. No está acabado. El abuelo me lo dejó y dejó la nota que encontraste dentro. Un día, limpiando los cajones perdí la nota pero el libro me lo guardé.
Entonces abrió la mano y lo vi. Vi MI libro, vi lo que el abuelo había escrito pensando en mi. Estaba en éxtasis, confusa por todo. Tenía los ojos encharcados y la nariz a punto de gotear pero aun así el corazón me impulsó a coger el pendrive.
-Léetelo un día de estos si quieres y bueno, a ver si es verdad que como decía el abuelo llevas el talento en la sangre y lo publicas.
Me sonrió y, como quien acaba de contar un chiste un poco malo, siguió repartiendo las cartas. Lógicamente perdí todas las partidas. Cuando llegué a casa me fui directa al ordenador pero aun ahora soy incapaz de abrir el documento. No todos los días tienes el borrador de un escritor de tanto nombre (falso pero nombre). No todos los días estás a punto de descubrir tu vida vista por uno de los escritores más famosos del mundo, por uno de los poetas del siglo XX más internacionales, por tu abuelo.
2 de octubre de 2009
filosofia mundana (jueves universitarios)
Me hago vieja.
En estos momentos, a escasos días de mi "me faltan dedos para contar" cumpleaños, descubro que la frase que nos une a todos a la juventud, esa fantástica frase que te ayuda a justificar un sin fin de situaciones, LA FRASE que estrenas cuando por primera vez en tu vida no duermes las 6 o 7 horas de siempre, "el cuerpo lo aguanta todo" ya me pide la jubilación. Mi cuerpo se niega a aguantarlo todo y yo, insisto en sólo introducirle matices para no acabar de romper ese maldito lazo de la juventud más joven.
Y es que mira que cuesta empezar etapas. Cuando tenía 15 años quería seguir siendo esa niña que soñaba que sería astronauta (otro tema que ya trataré cuando me venga la vena nostálgica). Luego, estrenando los 18, cuando me convertí irremediablemente en aventurera de la vida, quería volver a ser la artista rebelde de los 15 y ahora, pasando de largo y con tragos más largos aún, quiero volver a ser astronauta.
Ayer, Ágatha tuvo la brillante idea de rememorar nuestros días universitarios y apuntarse a salir un jueves y hacer eso tan “joven” de ir el viernes a clase sin dormir. Perdónenme, eso no era de ser “joven”, ¡eso era de ser idiota! ¿Pero a que gentuza se le puede llegar a ocurrir una estupidez como ésta? ¿Quién leñe nos creíamos que éramos aguantando más de 36 horas sin dormir? La respuesta es fácil, el cuerpo lo aguantaba todo. El problema está en que si ibas sin dormir a clase te sentabas a las últimas filas y no apuntabas nada más allá del móvil del tío con el que habías ligado la noche anterior, en cambio ahora, nosotras parecíamos unas zombies recién salidas de Thriller yendo como locas un viernes a las 8 de la mañana a la oficina sin duchar, con unos tejanos y una camiseta vieja que llevo siempre en el coche para situaciones de emergencia y con el peor dolor de cabeza y de estómago que recuerdo. Lo que beben los universitarios ahora no es ni garrafón, ¡eso es alcohol de quemar!
Y ahora me veo aquí, con mi mantita en el sofá, mis pececitos de colores, mi manzanilla y durmiéndome antes de tocar las diez de la noche y me asusto al pensar si quizás se me esté pasando eso de ser joven.
27 de septiembre de 2009
filosofia mundana (¿dudas?)
Querido sábado,
Hoy estoy en casa de mamá.
He venido a pasar el fin de semana sin excusa alguna. El viernes por la tarde me planté en su puerta y no hizo falta que le dijera que estaba huyendo. ¿De qué? Pues el viernes pensaba que de Yago y sus inoportunas preguntas, gestos, miradas. Hoy pienso que de mi misma, de mi falta de sinceridad, de mi absurdo ego, de mi inexplorado mundo de mentiras y farsas. Y es que nisiquiera sé qué mundo es el que quiero.
Quería compartir mi vida con Yago porque era lo mejor que tenía mano.Cuando lo tuve, lo deseé. Antes sólo había deseado mi pequeño piso en el centro, a Ágatha, Adam, Kiara, San y los otros, sólo quería lo que tenía, LIBERTAD.
Ahora no sé si soy yo la que me la veto, no sé si de verdad me estoy ahogando en un vaso de agua o en menos, en un vaso de chupito.
Quizás Yago no tenga la culpa de nada. O la puede tener de todo. ¿Si soy feliz con él? Claro, pero es una felicidad distinta a la que tenía antes. Es cambiar el YO por el NOSOTROS y esto nunca lo he sabido hacer bien. Ahora parecía que empezaba a funcionar pero no se puede tener lo bueno de los dos mundos, no se puede ser primero YO y luego nosotros porque entonces (por lo que me he dado cuenta) el mundo se desmorona.
No creo que sea inmadurez, como me dijeron Ágatha y mamá en la cena de ayer es falta de compromiso. Sí, será eso, soy incapaz de comprometerme con nada que no sea yo.
¡Pero es que es tan difícil! Sacrificio me dijo mamá que es lo que se tenía que hacer para lograr lo que de verdad se quiere. Yo ya me sacrifico para tener lo que deseo. Me sacrifiqué con una hipoteca para tener MI piso, sacrifiqué muchas horas para lograr el trabajo y el sueldo que tengo.
Le quiero. Le quiero hasta la médula pero el día que me hagan escoger entre él o mis viajes, mis aventuras, mi vida no lo dudaré. Un vuelo a Berlin.
Linira© 2009. Some Rights Reserved
22 de septiembre de 2009
filosofía mundana (Moritz)
Llevo la camiseta salpicada de tomate después de comer los pasados espaguetis que se me han enganchado, el calcetín que debería hacer el par con el que llevo puesto en el pie derecho ha sido devorado por la lavadora hace escasos minutos y el intento de recuperación se ha visto truncado por el porrazo que me he dado al meter la cabeza en el tambor.Ahora, con una tirita en la frente como Alí después de un combate, la camiseta blanca con manchas rojas y un calcetín azul y otro amarillo parezco salida del circo de los horrores.
Así es como estoy pasando las semanas desde que regresé del viaje.
Aún estoy intentando volver a la realidad pero se me hace increíblemente difícil.
Ayer, acurrucada entre las sábanas, me giré para abrazar a Yago y en el momento en que mi brazo se levantaba por encima de su cadera directo a rodearle el torso, se me apareció Moritz (el de los ojos azules)y como un resorte o como dos polos positivos que se repelan, me aparté, helada en mis pensamientos, hasta la punta más alejada del metro cincuenta que hace la cama.
Me asusté a mi misma pensando en eso. Me asusté por no haberme asustado antes. Por haber dejado que el bastardo tiempo parara nuestros relojes en aquel Clio que nos conducía lejos de todos para estar solos.
Nos fuimos a unas ruinas de la guerra y, ahora veo, que el paralelismo acojona cuando coge énfasis y me lleva a la ruina de mi vida.
Me asusto al pensar que no paré a esos malditos ojos que me removieron hasta las costillas flotantes, y aún peor, no tuve miedo de encontrarme en medio de la noche entre las manos de un desconocido sin pensar que aquí el tiempo no se había parado y que Yago seguía pensando en mi.
De verdad fui capaz de aterrizar en el aeropuerto y besarle con los mismos labios que pocas horas antes se despedían de otros.
Me asusto al pensar que no tengo ni el menor remordimiento.
13 de septiembre de 2009
filosofía mundana (otro viaje)
Salgo al pasillo de la que durante dos semanas ha sido mi casa y entonces pienso que, si la vida siguiera en ese punto para siempre, me acabaría de cruzar con un par de buenas amigas, algún amor imposible y, quizá, quien sabe, si con el que hubiese compartido mi vida en una granja del norte de Alemania, con un perro guardián vigilando las cosechas y dos preciosas niñas rubias correteando descalzas entre las sábanas tendidas al viento. Pero las ruedas de la trolley sólo me cruzan a un par de mujeres que se funden conmigo en un abrazo, me cruzo con el que no se atreve a mirarme mientras me susurra que no me vaya, y por último, los ojos más bonitos que he visto en mi vida, los ojos color azul cielo de verano, los ojos que me llevan al mar, los ojos que tendrían las dos niñas, los ojos por los que hubiese dejado la maleta, mi vida entera, hasta a Yago si me hubiese dicho "te quiero". Pero no lo hace, sólo dice mi nombre y me acompaña hasta la estación como uno más. Se espera detrás de todos, como quien quiere ser el último en decirme "hasta nunca". Y llega el tren y todos se apartan menos dos.
Los ojos azules no saben como actuar, parece como si nunca se hubiesen despedido de alguien, como si no supieran qué se tiene que hacer cuando el amor de tu vida está a punto de subir al tren. Nos hacen una foto juntos, nos abrazamos y de golpe es como si volviéramos a ser dos desconocidos.
Por último, Lukas, el ingeniero, el que no me miró en el pasillo, ahora no me aparta los ojos. Nos abrazamos y mientras escondo mi cara en su cuello como una niña pequeña que se quiere sentir a salvo, me susurra "Why?" y no le sé contestar. Él tampoco entiende de despedidas pero no muestra su inseguridad ni un momento, sólo cuando estoy en el tren y las puertas hacen que nos soltemos la mano. Entonces, mientras corre al lado del tren hasta que se acaba la estación, veo un niño de 10 años que dice adiós con la mano y entonces dudo si no será Lukas en lugar de los ojos azul cielo o en lugar de Yago con el que quiero vivir. Pero ya no me da tiempo de decirle nada y entonces rompo a llorar hasta el primer transbordo.
Esto ha sido el final de mis dos semanas en el norte de Alemania, colaborando con el centro de investigación de Peenemünde dónde he ido en representación de nuestra empresa pero esto, el trabajo, ha sido lo de menos.
29 de agosto de 2009
filosofia mundana (sin miedo)
No tengo miedo. A estas alturas ya no le tengo miedo a nada. Me enseñaron a tener respeto a lo desconocido pero el respeto no me impedía tirarme a los precipicios, sólo me hacía llevar una cuerda de seguridad.
24 de agosto de 2009
filosofía mundana (te quiero)
Como con el ajetreo de un tren regional me despierto de la nada.
Hoy escribo temprano, antes de ir a trabajar. Estas horas me hacen sentir como en un espacio atemporal donde no se oye nada más allá de mis dedos tecleando palabras que se hacen frases y a su vez se hacen vida al ritmo de los latidos de las yemas.
Aquí las horas se alargan como los relojes de Dalí y, harta de ver como las estrellas se van difuminando al ritmo que aparece la luz del nuevo día, me preparo un café. Hoy será un día largo.
No escribiré lo que siento. Hoy no se trata de sentir porque lo siento todo. Siento mi aliento salir de los pulmones de igual manera como echo en falta las llamadas de Al. Siento el leve suspiro de Yago dentro de sus sueños y, intuyo más de lo que veo, su espalda dividida en dos partes iguales casi perfectas abiertas más de lo normal por horas de piscina y separadas por una columna firme con un par de arañazos de excesos de la noche anterior.
Siento el respaldo de esta silla, que me devuelve a la realidad de la habitación cada vez que me echo hacia atrás y vuelve a encontrar mi camisa medio desabrochada que me hace de segunda piel.
También puedo decir que siento burbujas de jabón que no se atreven a romperse, como si cada una de ellas fuera una idea más.
Y es verdad que siento que en estos momentos soy incapaz de escribir lo que quisiera que me pasara o quisiera sentir más allá de estar aquí y ahora, atravesando la frontera del día y de mi felicidad.
Yago se gira y sale al encuentro de mi cuerpo que en estos momentos no está a su lado y por unos momentos veo que siente incertidumbre dentro de su inconsciencia. Su subconsciente se echa atrás al ver que le falta algo y su cara dibuja una mueca de sorpresa e inseguridad que se relaja cuando se abraza al cojín. Yo también echo de menos sus abrazos. Ahora de verdad me doy cuenta de que hasta dormida soy capaz de extrañarle y que mis días seguirían siendo de 24 horas pero serían del todo vacíos, y es que él me llena hasta el dedo meñique del pie.
Podría decir que le quiero pero no lo sé. Nadie nunca me ha enseñado lo que quiere decir querer. Me han enseñado a querer a la familia, a los amigos, pero es que lo que siento por él es cien mil veces mayor. También podría decir que le amo. ¿Le amo? ¿Le amo como a qué? Como a nada más. Amar es combatir dicen. Lo mío es la guerra de los mil sentimientos. Amar se ama en las películas pensando que te reencuentras en París, matándote por amor. Yo lo reencuentro en cada palabra que me dice, no nos hace falta viajar más allá de este comedor, de esta habitación.
El caso es que nos enseñan a ponerle nombre a las cosas, a identificar todo, a no dejar nada al azar. Pues esto nuestro es azar, esto nuestro no tiene nombre y ni siquiera quiero ponerle alguno. Nombrar es generalizar. Nombrar es permitir que alguien ajeno también lo use y lo sienta. Esto es sólo nuestro y es así. Es algo que escribimos juntos, adelantando la vida con pequeños pasos y grandes sorbos. Nos equivocamos y lógicamente discutimos, pero no nos intentamos comprar uno al otro, nos basta con intercambiarnos.
Jamás en la vida imaginé que sería algo parecido a un sueño y es que en esta vida lo bueno dos veces bueno y él está en ello.
Hoy no quería escribir sobre él. Hoy tocaba contar mi reencuentro con Al pero es que Yago lo reduce todo a banalidades.
A Al le envié un corto mensaje de móvil. “¿Un café esta semana?”. Quería verle, necesitaba volver a saber de él. No se como es posible que haya estado en sus infiernos, que nos hayamos movido al mismo compás haciendo esperar al mundo, que haya conocido tanto de él y ahora parezcamos dos desconocidos que se encuentran en un bar para hablar del verano, para contarse que la vida va bien sin detalle alguno. Como si nos hubiésemos visto cada día haciendo el café a la salida del trabajo y no haya más tema que el tiempo caluroso que hace dentro y fuera del bar. Un fogonazo le enciende la cara cuando me mira y a mi se me enciende la lástima. Hay tantos deberes por hacer y tantas noches sin dormir detrás suyo que sólo soy capaz de decirle “hasta pronto” a sabiendas que el pronto será nunca o de aquí mucho. Antes el “pronto” era el “mañana”. El mañana me daba igual cuando nos quedábamos tirados en la carretera y esperábamos tumbados sobre el capó del coche a que la grúa nos viniera a buscar. El mañana era desayunar, comer, merendar, cenar juntos. El mañana era mirarnos y decirnos más que en las quinientas páginas del Quijote. Ahora le miro y no veo más allá que un Haikú desestructurado.
22 de agosto de 2009
filosofía mundana (siempre está)
veintidós de agosto de mil novecientos noventa y nueve.
Perdón. Disculpen por el retraso. No era mi intención este contratiempo pero a veces tengo tantas cosas en la cabeza que aquí que las vacío todas (y lógicamente sin orden) se me acaba el día.
Bien, hoy le toca a ÉL. Parece ser que llevo una semana de melancolía acumulada pero es que hoy no puedo respirar sin pinchazos en el corazón. No, no, seré muy breve, diré lo suficiente para convencer/para convencerme de que hay y habrá pocos locos sabios como él.
Porque él era así, era un loco sabio.
Era loco por razones tan simples como por ser compañero de fatigas tan grandes que cansaban solo de recordarlas y viajes tan inolvidables que se echan de menos cada día. Él fue capaz de darle cuarenta y una vueltas a la vida y nunca se mareó.
Rozaba el equilibrio entre los aires del sur y el invierno del norte.
Los ojos de un azul como Neptuno iluminaban hasta las habitaciones más oscuras.
Con él nunca tenía miedo. Los bosques se convertían en simples llanuras que la luz de la luna hacía mágicas.
Sus casi dos metros de altura le dieron un instinto para encoger la cabeza en cada puerta que ya ni se daba cuenta.
También estaba loco por creerse invencible en los dardos, en el dominó, jugando a los chinos, jugando a baloncesto. Bien, tampoco estaba tan loco porque un poco de razón tenía pero me dejaba ganar.
También he dicho que era un sabio y estas pruebas lo corroboran. Era un as con los ordenadores, la electricidad, la electrónica...hacía andar chismes que nunca se movieron de su sitio y creó fuentes de alimentación cercanas a los móviles perpetuos de primera o segunda especie. Solucionaba problemas de física sin apuntes y se lo pasaba bien haciéndolo (esto quizá debería estar en el apartado de locuras).
Te tendía la mano tanto si ganaba como si perdía pero si perdía, la mano iba acompañada siempre de una revancha que no perdonaba nunca y que te fusilaba.
Yo siempre he creído que Sabina escribía lo que pensaba y él cantaba lo que pensaba Sabina, como si fueran uno aunque con pinceladas de The Beatles y algún que otro setentero de la época guardado en vinilos.
Su nombre italiano no le daba por eso rasgos más mediterráneos de los que ya tenía y más si se ponía a cantar a Serrat con su Mediterráneo y la guitarra que siempre llevábamos en el maletero.
Ahora sólo me queda levantarme y aplaudir. Me queda quitarme, aunque sólo sea metafóricamente, el sombrero y proponer sustituir el hidrógeno por él en la tabla periódica porque en la tabla de mi vida él siempre ha sido el primero.
Veintidós de agosto de dos mil nueve.
Era un loco sabio.
Loco por ser mi padre.
Sabio por decirme antes de irse con sus compañeros los GEOS al ataque que terminó siendo kamikaze "no em trobis a faltar, saps que hi seré sempre".
Y siempre está.
12 de agosto de 2009
filosofía mundana (¿acabar qué?)
Ayer fui a visitar a mi abuela. Cuando entré se me abrazó como una loca. "Es que hace tanto que no te veo hija". Y tiene razón, hace tanto tiempo que no veo a tanta gente que no sé si el reloj y mi agenda se duplican inversamente.
Pasé la tarde con ella. Mejor dicho pasé la tarde por su casa y ella la pasó con la televisión, como cada tarde, como cada puñetero día desde hace más de 7 años. Ella le habla, le muestra lo que hay fuera y ella ya no alcanza, le abre la ventana a la vida que sigilosamente se la está llevando por delante y como mujer sabia que es, se da cuenta.
Estuvimos hablando de cómo estaba la ciudad de obras y turistas y de lo tarde que había llegado al cementerio donde cada día va a visitar al abuelo. Sin aceptar que la vida sigue sin él, ella se empeña cada día en ir a explicarle lo que sus ojos ya no ven. Le cuenta que hasta las flores más bellas se vuelven marchitas, que hay una gripe muy rara, que el mundo está en una mierda de crisis que nada que ver con la guerra que pasaron ellos y que sus nietas, el orgullo de su vida, las tres flores que quería acompañar al altar y nunca llegó a verlas de blanco, siguen felices como siempre. Lo que no saben es que estos tres ángeles se casaron con la vida cuando él se fue. No íbamos de blanco pero le cogimos la mano para que nos acompañase a que un tal "juez del mundo" nos declarara casadas con la vida para tirar con fuerza de todo lo que él dejó en su paso.
El caso es que mientras hablábamos de eso, de lo de siempre y lo de nunca encontré un trozo de papel detrás de unos cajones. Ésto es lo que había:
Sol, al petit despatx, de nit, adonar-se de cop que tothom dorm. No és només el silenci, és saber que no hi ha moviments, que s'ha tancat una casa plena de coses i que jo n'he quedat fora sol. Res no es mou, prop de mi, i així no he de reaccionar, només he d'accionar, si vull, petits moviments lliures, gestos que semblen més viscuts que de dia, omplir una pipa, passar les pàgines d'un llibre, escriure a mà com en els vells temps, per no fer cap mica de soroll, pensar soroll i obrir la Vanguardia per veure què en diu, i deixar a mig fer el que feia i començar una altra cosa, descobrir que he oblidat d'encendre la pipa, i fer-ho, i ara què?, ara res, o el que sigui perquè també descobreixo que el llapis ja no llisca pel paper amb la facilitat en que ho feia abans, que la primavera de Vivaldi deixa les notes sense emoció penjades en un aire tallant recossit. Em faig vell. El mirall en el fons m’ho vol negar però la quotidianitat em demostra el contrari.
300 pàgines. Havia arribat a escriure 300 pàgines a mà, la primera novela i ara mira’m, si ni tan sols escric recta i no ho acabaré. Deixo poques coses sense acabar però aquesta en serà una. Estic segur que algú, si és prou capaç de valorar el que hi ha i escriu amb el cor, veurà que val la pena acabar-ho.
¿Acabar qué?
La letra de mi abuelo me entró como leída por él y el pinchazo del corazón me resonó hasta en el cerebro haciendo que mis ideas pararan de fluir, que mi mano se quedara quieta, que mis párpados fueran incapaces de cerrarse y que mis lágrimas empezaran a mojarme el cuello de la camiseta.
Me fui al baño a lavarme la cara, escondí el papel en el bolso y me quedé a cenar con mi abuela.
Ya tarde, cuando vi que mi abuela cogía cuatro cartas en vez de tres jugando a la Brisca decidí irme a casa.
Llegué más arrastrada por la multitud de la calle y el GPS de mi rutina que por el propio impulso de volver. Saqué el papel del bolso metiéndolo en un cajón del comedor, me tumbé en la cama y esta mañana he amanecido con la funda del cojín empapada lista para celebrar un día más desde mi boda.
¿Acabar qué?
7 de agosto de 2009
filosofía mundana (peces)
Es tarde, se me están empezando a derretir las uñas de los pies con esta temperatura propia de un horno y me siento sola.
He puesto la radio para no oír mi respiración. De vez en cuando se oye un ligero "blup.blup" que sumerge de las profundidades de la pecera de la mesita del lado del sofá. Y es que el miércoles me compré peces. Cinco. Dos rojos y tres naranjas. Los rojos se llaman Curie y Mileva (en honor a dos grandes mujeres científicas) y los tres otros los he considerado machos nombrándolos Einstein, Bohr y Hawking. Los iba a llamar Ted, Robin, Marschall, Lily y Barney pero me parecieron demasiado vulgares.
Lo de comprar la pecera fue otra historia ya que donde compré a los "cientificfishies" (como los ha bautizado Dylan Strandy, un amigo americano de Yago) no les quedaban peceras así que me fui para casa, llené el fregadero de agua, los dejé en remojo y me fui en busca de una pecera. La encontré tres calles más abajo, en una pajarería de esas viejas que les quedan cosas casi prehistóricas. Volví y después de tantos años viviendo allí por primera vez me di cuenta de que el tapón del fregadero no hacía muy bien su función. Mileva y Einstein aun tocaban el agua pero los otros tres tenían las constantes vitales ya por los suelos. Llené la pecera con el chorro de agua al tope y los metí dentro. Les di comida que también había comprado en la tienda viejuna, los llevé al comedor y me los quedé mirando. En ese momento se decidieron los nombres. Mileva y Einstein habían sido los mas listos al situarse debajo de los otros y así, como un matrimonio, me dieron la idea. Después bauticé a Hawking. Por culpa de mi descuido se ha quedado con una aleta un poco torcida y nada de lado (también le pegaba el nombre de Nemo pero me dije a mi misma "¿como vas a presentar a tus peces como Mileva, Einstein y Nemo? Piensa un poco!). Bohr y Curie fueron del todo otorgados por pura aleatoriedad.
La historia de los peces sin el pan viene de lejos.
Últimamente no paso mucho tiempo con casi nadie, el trabajo me estresa. Carlos, Kiara, mis hermanas y pocos más son los que me ven el pelo de vez en cuando. A Yago hace cuatro días que no le veo y Ágatha y Adam se han ido de vacaciones.
El martes por la noche hablé con Yago por teléfono. Está pasando unos días en casa de su padre cerca del lago Como (como George Clooney a quien dicen no conocer, cosa que me extraña). Estuvimos hablando un buen rato y bien, entre una cosa y la otra le comenté lo de la soledad y eso. Sin pensárselo dos veces me contestó "¿quieres venir a vivir conmigo?".Yo no quiero ir a vivir con él. A penas nos conocemos y soy muy independiente como para vivir con alguien. Le respondí un rotundo "no" hasta con exclamación, sorpresa y un poco de susto. Sé que le decepcionó pero lo disimuló con un "bueno, no pasa nada, tiempo al tiempo. De momento puedes comprar alguna mascota, un gato o algo así". Acabamos de hablar de tonterías como el tiempo, algún partido de baloncesto o alguna película buena vista últimamente; nos dimos las buenas noches y colgué.
Estuve un rato pensándolo. Un gato no. Ya tuve uno cuando aún vivía con mamá. Shrödinger. Un gato negro que dormía en una caja. Aun descansa en paz en el jardín de la abuela de Ágatha con una plaquita muy mona que hizo su abuelo que ponía "el gato Shrödinger descansa en algún lugar de la incerteza". Muy cachondo su abuelo.
El caso es que me he decantado por los peces que también había tenido cuando era pequeña pero hace demasiado como para que guarde algún mal recuerdo.
1 de agosto de 2009
filosofía mundana (trabajar en agosto)
Hoy empieza agosto y la gente hace vacaciones. Se van las familias a la playa, a la montaña, los amigos te invitan a los apartamentos y a las fiestas multitudinarias, multiculturales, multicoloristas que no iré. "¿Cómo? ¿No te irás de vacaciones en agosto? ¡No puede ser! ¡Si todo el mundo esta de fiesta!". Quien diga eso es un mentiroso compulsivo. NO todos tenemos vacaciones en agosto y con eso aclaro las incógnitas de mi repentina marginación de la sociedad. Yo trabajo en agosto. Algunos me miraran como un bicho raro, otros ni me llamaran "total, si trabaja no querrá hacer nada...". Ésta es otra de las cosas molestas del agosto. Trabajo de lunes a viernes pero los fines de semana puedo salir ¿eh?, estoy encadenada a la rutina de los que levantan el país con el sudor de su frente pero los sábados puedo ir a bailar, ir al cine, salir y no entrar hasta el domingo por la tarde. Lo digo por los días de sequía que se le esperan a mi teléfono, al timbre de mi casa y a mi buzón de correo.
He dicho. Y con esto, me voy a trabajar (los sábados no trabajo pero hoy sí, para empezar el mes jodiendo).
30 de julio de 2009
filosofía mundana (aquí y ahora)
Ni siquiera es el momento de vestirse de topos y rayas cual payaso desbordado y echarse unas risas. Éste, y de momento sólo él, es el momento de coger una cesta de picnic, llenarla de "hoy" y comérselo todo en buena compañía, saboreando cada letra, bebiendo un poco de presente y acompañándolo con sorbos de "ahora".
Así que no me pidais nada de "ayer" porque se me acabaron las existencias y olvidaros de pedirme "mañana" porque el camión anda con retraso.
Ahora toca "Khashoggi's Ship" en el tocadiscos, copa de vino en mano y bailes nocturnos en el comedor sintiéndome la reina del baile del instituto que nunca hicimos.
22 de julio de 2009
filosofía mundana (Amsterdam y los suyos)
Ya he vuelto. Si, lo sé, dije que volvería el jueves pero también dije que el señor de la cómoda hacía con mis horas lo que quería así que, como el proyecto ya hacía días que lo había presentado, pues me adelantaron el vuelo dos días y ayer por la noche llegué.
La presentación la bordé. Fue espectacular. Sólo faltaron los fuegos artificiales al final que de paso parece ser que se llevaron mi modestia.
Es lo que tiene hacer las cosas tarde. Se te despierta el ingenio, tiras de agenda y de amigos infalibles, te peleas con los dependientes de las tiendas que te dicen que estás loca al querer hacer "eso" en tan poco tiempo, te derrumbas al pensar que tienen razón, te entra el pánico y le gritas a los cactus, te dejas caer en el sofá y al mismo tiempo, como un resorte, te vuelves a poner en pie y confías en ti misma y tu instinto de supervivencia. Vuelves a tirar de agenda (eso es lo primordial en la vida, tener una buena agenda; un buen puñado de conocidos; entrar en lo que algún día leí que le llaman el banco de favores y yo soy millonaria (diría que gracias a mi paciencia y alma caritativa pero sería mentira porque la verdad es que estoy donde estoy gracias a la sociabilidad y a echarle morro a algunos asuntos, tierra a otros y muchas, muchas vueltas de tortilla) y al fin consigues terminar el proyecto cuando el taxi ya te pita desde la puerta.
Una vez llegada al aeropuerto de Schiphol me pasó a recoger un tal "responsable de relaciones exteriores" que me llevó al hotel y allí me presentaron a mis compañeros de proyecto:
Noa de Tokio: desapareció al cabo de pocos minutos y no volvimos a saber de ella hasta el jueves en la sala de reuniones.
Lisa de Toronto: llegó con retraso y sueño pero tenía una marcha que no se le acabó hasta el día de la despedida.
T.J de Detroit:llegó creyéndose el rey del mundo y su inmadurez hizo que lo largaran antes de hora.
Dylan de Oslo: un rubio de ojos verdes con el que se me cayó la baba el primer día y por casualidades de la vida que no comentaré en este momento (y quizá nunca) acabamos compartiendo una cama de matrimonio en un segundo hotel.
Y por último Shiba que vino de Israel y nos hicimos amigas de desayunos en barras de cafeterias mirando a la calle, de comidas en los parques y cenas con holandeses amabilísimos.
En uno de esos desayunos, no se si decir el del viernes, nos fuimos a una cafeteria de Albert Cuypstraat dónde la gente pasaba en todas direcciones, como si circularan por carriles personales; cada uno en el suyo, cada uno en su mundo. Shiba me estaba contando su última anécdota en un aeropuerto neozelandés cuando pasó un chico de entre 26-34, con un traje marron claro, camisa blanca, corbata oscura y un maletín en la mano. Pasó 5 segundos y lo seguí con la mirada como hacía con muchos de los viandantes pero él se giró, supongo que notó mis ojos en su mejilla y se me quedó mirando. Yo, con la sorpresa no aparté la mirada y él me sonrió levantando ligeramente la comisura izquierda del labio. Las palabras de Shiba se apagaron en mi cabeza y se cambiaron por el sonido de cuatro violines que con sus arcos dibujaron una sonrisa en mi cara y mi alma. Él siguió su camino cuando pasó de largo. Ni se paró en el semáforo de la esquina, ni se volvió mientras yo le miraba la espalda. Hasta nunca. Hasta siempre chico del traje. Luego entró en juego mi fantasía de salir corriendo, cogerle del brazo y sin cruzar palabra besarle bajo la lluvia pero Shiba me volvió a la realidad con un "hey! are you here?" y él ya no estaba ni al final de la calle.
12 de julio de 2009
filosofía mundana (Amsterdam)
Hoy te escribo desde la indignación de la clase obrera del país.
Parece ser que en el momento en que aceptas un trabajo en el cual tú no eres el jefe, tu vida pasa a ser un cajoncito en la gran cómoda de la habitación de alguien, y ese cajoncito lo pueden abrir y meterle lo que quieran o sacar, por ejemplo, las horas que les falta y tú, como buen cajón que eres,gastas todas tus horas hasta que no te quedan más y si tienes suerte de tener otros cajones en la misma columna pues les robas horas a ellos y así sucesivamente hasta que se completa la cómoda.
El caso es que esta mañana, como quien se pasa los días festivos por el arco de triunfo me ha llamado alguien que se hace nombrar director. Supongo que por su voz distendida me llamaba desde el chalet, tumbado en la hamaca del jardín mirando como los niños jugaban en la picina. Mientras, yo abría un ojo que maldecía el teléfono. Mi cansancio venía de ir ayer a la presentación del libro de mi primo (escritor, claro está) titulado "La utilidad del Cortapizas" (objetivamente bueno) saliendo después a celebrarlo.
He descolgado el teléfono con la intención de soltar un "vete a la mierda" al primero que se dignara a hablarme por el otro lado del cable.
-"Mañana a las siete de la mañana te pasa a recoger un taxi por casa y te vas a Amsterdam. El jueves tienes la presentación del proyecto. Volverás el juevues siguiente"
Y claro, no vas a mandar a la mierda al que paga las facturas así que he afirmado más con la cabeza que con la voz, he colgado, he pegado un grito y me levantado a preparar el proyecto que tendré que presentar.
Así que nada, con una temperatura próxima a derretir los termómetros yo me he quedado en casa haciendome la maleta y maldiciendo ser cajón y no la cómoda entera.
Yo, que de Amsterdam sólo conozco los tulipanes, el barrio rojo y los "coffe shops" me voy a estar una semana sola a ver que cuernos encuentro.
6 de julio de 2009
filosofía mundana (mividasinti)
Déjame apartar tu relevancia y compartirla con quien poco a poco se ha colocado en el medio de mi ruleta rusa y ha quitado todas las balas del cañón.
Llueve, y aunque suene a muy típico de películas americanas de segunda, en cines de calles terceras, con butacas de cuarta fila, me da por pensar.
Me da por pensar que si no te tuviera tan cerca no sé qué órgano vital sería capaz de funcionarme, porque el aire que respiro lleva tu olor y con él mis pulmones reparten el oxigeno como los Reyes Magos los caramelos en la cabalgata mientras las células esperan ansiosas su pequeña parte de vida.
Mis ojos no ven mas que tu rostro a todas horas y cuando no lo ven se cierran para imaginarte más cerca todavía y te me desdibujas, como humo, y solo tengo ganas de volver a verte para recordarte más sólido.
Los oídos se relajan cuando te oyen hablar sin descanso, cuando encadenas una barbaridad con una tontería mil veces mayor o cuando hablas bajito des de tu habitación de hotel Neoyorquino a media noche para no despertar a nadie y yo, tumbada en mi cama, pienso de verdad que no estamos tan lejos.
Mi estómago, cuando te veo, se llena de mil gaviotas que no sé donde irán y mi corazón, ¿qué puedo decir de mi corazón?
que sus latidos dicen tu nombre al ritmo de sístole, diástole, sístole...
24 de junio de 2009
filosofía mundana (Yago Jr.)
Esta tarde hemos vuelto de Nueva York.
Increíblemente de ensueño aunque me duermo por las esquinas porque esto del jetlag cansa a quien sea.
He pasado unos seis días de lo más surrealistas y lo mejor, sin duda a sido conocer a Yago Jr.
Yago es un diamante en bruto de 6 años que habla tres lenguas indistintamente con la fluidez de las lenguas maternas. Juega a baloncesto y a béisbol y de éste último le llevé el sábado al partido. Su padre aprovechó para trabajar un poco (ya que estábamos allí se pasó por la oficina) y su madre, Michelle me dejó que me lo llevara mientras ella se quedaba con su pequeño Paul, hijo de su pareja actual. Confieso que me sentí bien llevando a Yago al partido, con los bocatas para después, aplaudiendo con todos los padres y animando al "mío" cada vez que me buscaba por las gradas. Supongo que esto es algo parecido a ser madre pero aun así no lo quiero. Cuando acabó el partido nos fuimos a comer a un parque y le conté mi vida y él me contó lo que pudo de la suya, el colegio, los amigos, la familia, como si se tratara de dos adultos nos hicimos guiños de complicidad y me hizo prometerle que volvería a aparecer en su vida. Eso me gustó. Nunca nadie me había pedido volver a aparecer. Mucha gente dice "espero volver a verte" pero no "vuelve a aparecer en mi vida". Le abracé y me lo devolvió con un "no me seas ñoña!" y empezó a correr para que le siguiera.
Yo nunca prometo nada porque las promesas son juramentos absurdos pero con él hice una excepción y no sólo le prometí volver en su vida sino que le dejé la puerta abierta para que él entrara en la mía.
18 de junio de 2009
filosofía mundana (viajar juntos)
Hoy que el tiempo aprieta y las nuves ya parecen haber despejado el cielo para una eternidad me atrevo a declarar mi corazón insolvente a la hora de hacer la delcaración de la renta amorosa. Y es que me entra el miedo del no no saber o el no hacer bientípico del pretérito imperfecto de mi vida. Yo, que no dudaba nisiquiera del azar me veo mirando a Yago desde mi ventana detrás de las cortinas intentando espiar que hay bajo el toque mágico que cuando nació alguien le dió y no veo defecto alguno. Me asusto al pensar que éste puede ser para siempre porque yo nunca he tenido nada "para siempre" y él parece estar hecho con un material indestructible que es imposible echar de mi vida. Pero tampoco sé si lo quiero para siempre, ni tan siquiera sé si lo quiero echar.
Ahora repaso la costura de la cortina repitiéndome que las estupideces más grandes se hacen por amor y pensando que será eso lo que nos une mientras encargo dos billetes para Nueva York y le escribo en un papel en blanco en forma de avión que entrará por la ventana de su habitación "Cójete una maleta para 6 días y preséntate mañana a las 8 de la mañana en la terminal C. Te espero" y sé que él no preguntará nada, ni se planteará dejarme.Él vendrá y viajaremos juntos. El primer viaje que haré en pareja.
6 de junio de 2009
filosofía mundana (feliz)
¡Cuántos días sin actualizar! La verdad es que he tenido tiempo pero lo he invertido en otras cosas como por ejemplo en Yago. Sí, así se llama el vecino que ahora lo de vecino ya lo podemos reemplazar por mi amigo íntimo.
Anoche fuimos a cenar con Carlos, Mario y unos amigos más y hice la presentación oficial. No les dije "hola, este es Yago y salimos juntos", sólo dije "Os presento a Yago , un amigo" y Mario me miró giñándome un ojo y yo le sonreí; esto fue suficiente para ahorrarnos todas las oficialidades.
Fue genial la noche con ellos y es que Yago es genial.
Con él he vuelto a mojarme bajo la lluvia sonriendo y saltando en los charcos.
Él me ha demostrado que no hace falta ser dos almas gemelas para compartir una naranja que se partió seguramente cuando nacimos.
Después de cenar fuimos a bailar y mirándomelo en medio de la pista mientras miraba como se acercaba a mi con un par de vasos en la mano pensé en Al, en las veces que habíamos salido de fiesta juntos, que habíamos compartido vasos, bailes, sonrisas pero nunca besos y con Yago no iba a ser así. Impulsada por una espontaneidad que hacía tiempo se había escondido por mis adentros me lancé a sus labios repitiéndome que a éste no lo iba a perder por ser idiota y me miró con sus ojos azules haciendo desaparecer toda la gente y elevándome a niveles estratoféricos.
Me fui al baño, me miré al espejo y me sonreí a mi misma. Cuando salí me encontré a Jan, el primo de Al que tambien sale de vez en cuando con nosotros y es gay. Su frase clave fue "Oye, se que no debería meterme pero quiero que sepas que Al nunca será consciente de lo que se ha perdido al dejarte escapar pero tú no dejes perder a ese metro noventa de que enamora con la mirada. ¿Por casualidad no tendrá un hermano gemelo para mi verdad? está pá comérselo" y despues de un hartón de reir volvimos a bailar mientras Yago apartaba las lagartas que le acosaban y yo me creía la mujer más afortunada del mundo.
Esta mañana, cuando nos hemos despertado me ha preguntado por Al y le he dicho que ya le contaría otro día la historia, ahora no tengo ganas de pensar en él porque me duele pensar que no nos hablamos.
Yago se ha levantado y ha ido a poner música y a preparar algo para comer y yo mientras soy incapaz de desengancharme la sonrisa que se me cosió la semana pasada.